episodios, incidentes, movilizaciones
Los trabajos de E. Ostrom acerca de recursos comunes compartidos concluyen en que las organizaciones de usuarios pueden manejarlos eficientemente si varias condiciones se cumplen; una de ellas es que deben participar en la definición de las reglas del juego, y en la creación de un esquema de sanciones y estímulos. Acerca de formas de cooperación en la producción de bienes públicos la investigación ha avanzado en las últimas décadas, tratando de comprender mejor cómo, cuándo y por qué los seres humanos cooperan en relación con bienes comunes, como el clima, el agua y otros similares. Especialista reconocido en el análisis del dilema del prisionero, un juego que se ha utilizado por décadas en el análisis de bienes públicos, Martin Nowak[1] publicó recientemente un libro acerca de la cooperación. Detalla experimentos en los cuales participaron diverso tipo de universitarios, en los que estaba en juego la sobrevivencia del planeta a causa del cambio climático. Los resultados son impresionantes: en la mayoría de los casos, la presencia de free riders (pillos, aprovechados, “chingones”) y las hesitaciones de los “altruistas” condujo a la catástrofe climática –cualesquiera fuesen las recompensas ofrecidas. Cuando el juego se realizó con un número reducido de “ejecutores de política”, terminó siempre en catástrofe. La conclusión es que a jugadores más informados sobre los plazos y consecuencias del cambio climático, más posibilidades de buen resultado para el planeta.
Esas experiencias son más que interesantes. El problema, reconocido por Nowak, es que en la realidad son 7 mil millones los jugadores que intervienen en relación con el cambio del clima, y que tal dimensión seguramente aumenta las dificultades para obtener una cooperación en la que cada quien pone algo para obtener una retribución que es necesariamente compartida a largo plazo. En el caso del agua en México, son más de 112 millones… los que deberían participar en el juego. Nowak, sin embargo, sostiene que en la evolución humana varias formas específicas de cooperación condujeron al desarrollo de las civilizaciones –más: incluso sostiene, posición controvertida, que formas de cooperación estuvieron en la aparición del lenguaje- y confía en que en el mundo de hoy y con las amenazas visibles, podrán aparecer las condiciones que nos transformen, a nuestros sucesores principalmente, en los “super-cooperadores” requeridos por los problemas del presente, y los previsibles.
Nowak, Ostrom y decenas de científicos en todas las disciplinas tratan, como siempre se trató en la historia humana, de comprender las razones de la conducta humana, individual y colectiva. Es un esfuerzo en curso, que probablemente sea interminable. Proposiciones parciales, conjeturas, resultados de experimentos o especulaciones, han sido en cada momento de la humanidad utilizados como base para la elaboración de teorías y métodos para la formulación de políticas públicas; muchas veces tomados en un nivel de generalización que los autores no imaginaron, sostuvieron enfoques que a su turno se transformaron en doctrina o en contenidos impuestos[2].
La gente protesta, se moviliza, aprende, confía, desconfía, busca. Esta sección recoge algunas de las experiencias.
[1] M. A. Nowak et al., Super cooperators, altruism, evolution and why we need each other to succeed, Free Press, 2011.
[2] J. Stiglitz ha examinado un proceso característico de este tipo de imposiciones, relacionado con el período de “ajustes estructurales” por el que atravesaron numerosos países en desarrollo.



