Claude Lévi-Strauss

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Caminábamos con Carlos Presman y su hijo a la altura del Pont des Arts, ya cansados. De una de las puertas del Institut de France salió una veintena de soldados con uniforme de desfile y, atrás de ellos, poco a poco, lo que comenzó a ser una serie de pequeños grupos dispersos de personas en esa parte de la edad que se dice “avanzada” vaya a saber por qué razón protocolar. Algunos, mujeres y hombres por igual, tenían el uniforme verde de la Academie. Desde el costado derecho de la escena apareció Eric Orsenna, apresurado, con un gran portafolios. Reconoció a alguno de los viejos que salían, se detuvo, comenzó a conversar con entusiasmo. –Ese que está a la izquierda, casi junto a la vereda, es probablemente Lévi-Strauss-, le dije a Presman. Alto el hombre con sobretodo gris en ese momento final de la tarde, pensé que inventaba, exageraba el parecido –académicos, altos, viejos, con paso inseguro y ayudados por una mujer más joven no son pocos en los tiempos que corren-; que a los ciento casi un años uno no sale de casa para una sesión de la Academie. El hombre subió a un auto que llegó casi en seguida, con el auto se mezcló a la caravana rumbo a cualquier parte. Con el hijo de Presman comenzamos una discusión acerca de la importancia de llamarse Lévi-Strauss, de generaciones, identidades, cosas así.
 
Si fue o no Lévi-Strauss el hombre que señalé a mi amigo tiene algo que ver con una leyenda de infancia, según la cual un niño de seis años ve pasar un auto, lo señala a su abuelo y le dice -Va a chocar en la esquina; el auto llega a la esquina y efectivamente hay un choque, el estrépito dura aún en la memoria. Y tiene que ver con dos momentos más recientes, uno cuando Pancho Aricó me entregó a fines de los años sesenta el ejemplar fresco de Elogio de la antropología (Cuaderno de Pasado y Presente No. 2, tal vez número 2), otro cuando hice el discurso de despedida en el organismo internacional para el que trabajé más de tres décadas: uno y otro texto estuvieron emparentados por la frase final de Lévi-Strauss “Y sean mis últimas palabras…” Unos días después del episodio en el atrio del Institut,se anunció la muerte del antropólogo, el entierro en la intimidad, otra vuelta de tuerca en este fin de época que se desgrana lánguidamente.
 
Es poco decir que en esa época ya terminada Claude Lévi-Strauss fue una fuente principal de inspiración. Sartre, Marx, Freud, Lévi-Strauss no anunciaron esa época, crearon su horizonte, probablemente sin quererlo. Mal, en esos primeros años de universidad traté de leer los textos de Lévi-Strauss con la misma pasión e ilusión con la que fueron leídos por Moluchi Baigorria, por ejemplo, o por Mumo Gatti. Sospecho que para estos dos amigos, o para Carlos Zolla, las obras de Lévi-Strauss mostraron un camino posible de vocación, ayudaron a formar una razón de vida. Una nueva antropología era posible que consistía en averiguar para reconocer diferencias, sin explicarlas como estadios previos de una evolución o residuos remotos de la imposibilidad de avanzar. En apreciar las historias culturales como resultado de elecciones y de posibilidades sin jerarquías definidas de antemano, y sobre todo, en poner entre paréntesis una idea de progreso centrada sobre el recorrido de la cultura llamada de Occidente.
 
En público, los últimos años de Lévi-Strauss lo mostraron incómodo tanto con la vejez y la disminución de facultades como con la derecha en el poder, que se apresuró a montar espectáculos y ferias y festejos cuando el hombre cumplió cien años, en 2008. En las librerías de esta ciudad sus obras se venden en ediciones de bolsillo, numerosas; es ya un clásico y como clásico es tratado. No parece hoy próximo el momento de una relectura, sin embargo indispensable a causa de esa forma de embrutecimiento que se denomina homogeneización cultural planetaria.
 
1956, Raza e historia: “El sentimiento de gratitud y de humildad que cada miembro de una cultura dada puede y debe experimentar hacia todos los otros debería fundarse sobre una única convicción: las otras culturas son diferentes de la suya, de la manera más variada, y ello es así, incluso si la naturaleza última de esas diferencias le escapa o si, a pesar de todos sus esfuerzos, llega sólo a penetrarla muy imperfectamente.”
 
 

coincidencias

Claude Lévi-Strauss es el mentor de esta pagina, me parece, estudioso de la importancia del lenguaje, es una lastima que vuevla a mi memoria solo por el hecho de que hace algunos meses haya pasado a un no-lugar, ese lugar que otros llaman la muerte,también es cierto la importancia que tuvo en la explicación de la cultura, en el desarrollo de su antropologia y en el entendimiento de la importancia del lenguaje como motor de una sociedad, su cultura y la comunicacion.como todo pensador, visionario de su tiempo, me parece que es el lugar donde se lo puede homenajear y que "pertenece" es en imprentaluz, porque somo una imprenta, trabajamos con las palabras, con el pensamiento y con las palabras.segunda coincidencia, una más de tantas, como las que describes en los encuentros y en el accidente del automovil, es que hagas esta descripción justo cuando no hace mucho pasé por la libreria el ateneo y elija uno de sus libros para leerlo, ojearlo, mientras tomabamos un cafe por la calle santa fe, donde la libreria es teatro, es imprenta, es un ex-teatro que el ateneo lo convierte en libreria y lugar de encuentro, de descanso, de lectura y de ventas de libros, que carajo, para eso están. propuesta como moción, pensando en los imprenteros.