Papá Noel, Lévi-Strauss, la muerte

Katchina

 En estos días valdría la pena pensar que al regalar un libro, una mirada, una reflexión, un momento adicional de atención a las preocupaciones y a los deseos de un niño, los adultos se regalasen no tanto una mirada complaciente sobre el encanto de la alegría pasajera que inducen en los niños, sino una mirada sobre las verdaderas razones por las cuales ellos han inventado y siguen inventando a Papá Noel u otras formas semejantes.

El yo no es sólo odiable:
no hay lugar para él entre nosotros y nada.
C. Lévi-Strauss.

 
 
 
 
 
 
 
En 1952 Lévi-Strauss publicó en Les temps modernes un artículo con el título de Papá Noel supliciado.
 
La celebración de Papá Noel no es, indiça, una invención reciente, sino una readaptación de prácticas antiguas que ponen en relación a los adultos con los niños, a la vida con la muerte. En Halloween, por ejemplo, los niños se disfrazan de muertos para pedir algo a los adultos, mientras que en Navidad los adultos ofrecen regalos a los niños para exaltar su vitalidad. De una manera general, tales prácticas se refieren a momentos en que la sociedad en cuestión se divide en dos partes, que no se excluyen sino que se complementan: vivos y muertos, los que saben y los que no saben, los que pueden y los que no pueden, para nombrar algunas. Concluye el artículo:
 
Con mucha profundidad, Salomon Reinach ha escrito que la gran diferencia entre religiones antiguas y religiones modernas consiste en que “los paganos rezaban a los muertos, mientras que los cristianos rezan por los muertos”. Sin duda hay, lejos de la oración a los muertos, la oración ampliamente mezclada de conjuros que cada año y cada vez más, dirigimos a los niños –encarnación tradicional de los muertos- para que ellos consientan, creyendo en Papá Noel, a ayudarnos a creer en la vida. Hemos sin embargo esclarecido los hilos que testimonian acerca de la continuidad entre esas dos expresiones de una realidad idéntica. Pero la Iglesia no se equivoca, por cierto, cuando denuncia en la creencia en Papá Noel el bastión más sólido y uno de los focos más activos del paganismo en el hombre moderno. Queda por saber si el propio hombre moderno no puede defender sus derechos a ser pagano. Para terminar, hagamos un pequeño señalamiento: entre el rey de las Saturnales y el buen papá Noel hay un largo camino. En ese camino, un rasgo esencial y quizá el más arcaico del primero parecía haberse perdido definitivamente. Frazer ha mostrado hace mucho tiempo que el rey de las Saturnales es heredero de un prototipo antiguo que, después de haber personificado al rey Saturno y de haberse permitido durante un mes todos los excesos, era sacrificado solemnemente sobre el altar de Dios. Gracias al auto de fe de Dijon [en esta ciudad de Francia, en 1951, los curas del lugar se pusieron de acuerdo para primero colgar de las rejas de la catedral y luego quemar un Papá Noel, señalado como herético y usurpador], he aquí el héroe reconstituido con todos sus caracteres, y no es la menor paradoja de este singular hecho que queriendo terminar con Papá Noel, los eclesiásticos de Dijon no hayan hecho otra cosa que restaurar en su plenitud, después de un eclipse de algunos milenios, una figura ritual cuya perennidad ellos mismos se han encargado de probar.
 
Jean Jadin comenta recientemente este texto, y señala que “Investigar el porqué y el cómo del comportamiento humano –y de paso el funcionamiento del espíritu humano- reclama rehuir a nada el sentido en el que los hombres creen, es decir, el que han inventado inconscientemente. La antropología de Lévi-Strauss es de ésas que evaporan el sentido, de las que enfrentan lo trágico, de ésas que confinan la vida en el sólo placer de vivir, como puede ser gracias al amor en toda su irracionalidad, gracias a la amistad desinteresada, gracias a las palabras de un hombre de calidad, gracias al mugido enternecedor de una vaca, gracias al olor de un sotobosque, gracias a la luz de una mañana.”
 
De modo que en estos días valdría la pena pensar que al regalar un libro, una mirada, una reflexión, un momento adicional de atención a las preocupaciones y a los deseos de un niño, los adultos se regalasen no tanto una mirada complaciente sobre el encanto de la alegría pasajera que inducen en los niños, sino una mirada sobre las verdaderas razones por las cuales ellos han inventado y siguen inventando a Papá Noel u otras formas semejantes: sería la muerte lo que está en cuestión, y las maneras de evitarla.