Oscar, Recuerdo, Hölderlin
Oscar me escribe desde San Ambrosio; indica que llueve con mucha suavidad y oscuro y nostálgico. Menciona una línea de Vallejo: “De todo esto yo soy el único que parte”.
Recuerda cosas, palabras, seres, un perro que gira como loco en una casa de sierras, un hombre joven que busca una inexistente pluma de aire, un gran amigo siempre ahí, que vuelven, salen de lo oscuro, iluminan un instante, una chispa del infinito ayer y desaparecen, como todo.
Busco un poema de Hölderlin traducido, creo, por Cernuda y no lo encuentro. Está a mano, en cambio, la versión francesa de Gustave Roud. La escribo, aquí está.
Hölderlin, Recuerdo

El viento del nordeste se levanta,
De todos los vientos mi preferido
Porque promete a los marinos
Espíritu ardiente y travesía feliz.
Parte entonces y lleva mi saludo
Al bello Garona
Y a los jardines de Burdeos, allá lejos
Donde el sendero sobre la orilla abrupta
Se estira, donde el torrente entra
Profundo en el río, y en la orilla
Contempla desde lejos una noble pareja
De robles y álamos de plata.
Recuerdo todavía, y vuelvo a ver
Esas grandes cimas que inclina
Sobre el molino el bosque de olmos,
Y en el patio una higuera crece.
Allí van en los días de fiesta
Mujeres morenas
Sobre el suelo suave como una seda,
En tiempos de marzo,
Cuando noche y día duran lo mismo,
Cuando sobre los lentos senderos
Con su carga leve de sueños
Brillantes, se desliza el balanceo de las brisas.
¡Ah! ¡Que alguien me tienda,
Colmada de su luz oscura,
La copa fragante
Que me dará el reposo! ¡O la dulzura
De un adormecerse entre las sombras!
No es buena
La ausencia en el alma de un pasajero
Pensamiento, mientras que
Una conversación, eso es bueno, y decir
Lo que piensa el corazón, oír extensamente hablar
De las jornadas de amor
Y de los grandes hechos que ocurren.
Pero ¿dónde están mis amigos?¿Bellarmin
Con su compañero? A menudo el hombre
Teme remontar hasta la fuente;
Sí, es el mar
El lugar primero de la riqueza. Ellos,
Como los pintores, reúnen
Las bellezas de la tierra, y no desdeñan
La Guerra alada, ni
Durante años, vivir solitarios
Bajo el mástil sin follaje, en lugares adonde no horadan la noche
Con sus relámpagos las fiestas de ciudad,
Las músicas y los bailes del lugar.
Pero hacia las Indias a esta hora
Ellos han partido, abandonando
Allá, librada al viento, la punta extrema
De montañas de vid de las que el Dordoña
Desciende, donde desembocan con el gran
Garona, anchos como el océano, sus aguas reunidas.
El mar lleva y trae la memoria, el amor
Con sus ojos en cualquier momento las retiene y contempla,
Y sólo los poetas fundan lo que permanece.
- e.s.funes's blog
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios

Comentarios recientes
hace 10 semanas 2 días
hace 11 semanas 3 días
hace 11 semanas 3 días
hace 13 semanas 6 días
hace 13 semanas 6 días
hace 14 semanas 9 horas
hace 14 semanas 9 horas