el obrerismo de pasado y presente

El 16 de abril se presentó en Córdoba el libro El obrerismo de Pasado y Presente. Una edición al cuidado de Héctor Schmucler, Sebastián Malecki y Mónica Gordillo. A cargo de la presentación, Juan Carlos Torre, Ofelia Pianetto y Luis García.

 

No me queda muy claro por qué le pusieron solamente "obrerismo" en el título. Hubiera preferido algo que emparentara más directamente la reflexión sobre Córdoba con la que sucedía casi contemporáneamente acerca de Turín. "Obrerismo teórico" quizá, pero tampoco así hubiera quedado de relieve el concepto de centralidad de la clase obrera que caracterizó, me parece, el transcurso 60-70 del grupo cordobés. Crítica ciertamente del sindicalismo, en su caso peronista, esa visión de centralidad se bifurcaba tanto hacia la espontaneidad (en el sentido de no necesidad de intermediación o de delegación, pero también en el sentido de conciencia -nada inventado, dada la forma social que adquiría el nuevo proletariado de la industrialización cordobesa, contiguo en gustos, comportamientos y aspiraciones a los estudiantes universitarios de la época).

 

¿Mario Tronti, entonces? Si, y no desearía aparecer como viudo de Gardel, alguien me pregunta por la referencia de esos años, diría que Obreros y capital, Lenin en Inglaterra (en el caso del artículo, arriesgo el anacronismo), fueron dos lecturas centrales y quizá más secretas que otras. Habría que desentrañar en qué medida Galvano della Volpe intervino en la modificación de la visión de Gramsci que tenía Pancho Aricó, tal como, se dice, intervino directamente en la de Tronti. Más que ¨mundo obrero" se hablaba entre nosotros de "centralidad de la fábrica", la gran industria como fuerza social de transformación en todos los órdenes. Portantiero, es conocido, llegaría a sostener que la contradicción más interesante se daba, entre capital y clase obrera, en el interior de la fábrica. Icono o no, inventado o no, ése fue en el imaginario de PyP el papel de Tosco. Contradicción y lucha, inteligencia contra inteligencia, autoridad contra autoridad, moral contra moral. Aunque fuera anacrónico, I compagni, con Marcelo Mastroianni en el sepia de la memoria, era algo así como el poema histórico contra cuyo fondo se perfilaban las incógnitas de la gran confrontación.

 

Torre era el único capaz de contrastar esa visión local (Córdoba-Turín) con una visión un poco más amplia, Buenos Aires y el sindicalismo peronista en todas sus formas y vertientes, y capacidad también de indagar en la experiencia política de los obreros y, sobre todo, la experiencia política como experiencia peronista. Sociólogo al fin de cuentas, Torre pudo aportar su interés por la realidad y las restricciones, su percepción del poder y de las estructuras del poder, los vínculos entre una y otra experiencias políticas, el peronismo y el fútbol. Por eso pudo entrevistarse y dialogar con Miguel Gazzera (tengo la impresión de que Los libros publicó una versión de esa conversación, por entonces, 1970, algo heterodoxa).

 

Entre Aricó, Portantiero y Torre habría que buscar ese "obrerismo teórico", si lo hubo, y quizá fuera posible encontrarlo. Digo esto porque, deformación que reconozco, pienso que mucho de eso que fue ha terminado siendo la lectura que de eso se pudo hacer después de la liquidación de la experiencia (en Italia y en Argentina) de la autonomía y de la centralidad, desde la perspectiva del (¿nuevo?) reformismo en que casi todos los protagonistas y los que no lo fuimos, excepción hecha de Oscar del Barco, entramos desde, para poner una época, al promediar la estadía en México, la guerra por las islas. Paramio, por ejemplo, entraría en escena al costado del PSOE y Felipe González. Por entonces Tronti era senador, se ocupaba también de la reforma del Estado.

 

Yo siempre recordaré, como un extremo de la lucidez, lo que me dijo Torre acerca de que Argentina estaba convirtiéndose en un país de América Latina como los otros. Era muy temprano para decirlo, era una anticipación, pero me lo dijo con pesar y quizá con rabia. ¿Es que, más interesado y sensible a lo que llamaríamos hoy la modernidad y habiendo optado por quedarse en el país, Torre advertía que el motor de esa modernidad, o uno de sus motores, la gran industria y su proletariado, estaba ya desaparecido o en tren de desvanecerse?

 

Que haya existido o no ese obrerismo teórico de Aricó o de PyP, que no sería lo mismo aunque de primos se trate, interesaría buscarlo, como digo. Posiblemente se encuentre de paso una conjetural respuesta a la pregunta que escuché a Pancho formularse y sobre la cual no sé si alguna vez se dio una: ¿por qué los principales lectores de los Cuadernos de PyP (los veinte primeros números, algo así)  fueron los militantes del peronismo de base y no otros, más numerosos, más en la cresta de la ola de rebelión y protesta social? Tragedia para muchos, Montoneros nunca leyó PyP. Córdoba no era Buenos Aires, Turín no era Italia.

 

A propósito de Juan Carlos Torre, que probablemente siga acomodándose los anteojos con el dedo mayor de la mano derecha y mirando entre tanto hacia el techo, la boca en un gesto complementario de permanente desaliento por lo que pasa, quien esto escribe lo recuerda con intensidad, con un respeto por lo que conoció de él que crece con los años.