México: costo humano de una guerra por el monopolio

narcotráfico en México

Acabamos de recibir una copia del estudio El costo humano de la guerra por la construcción del monopolio del narcotráfico en México (2008-2009), publicado en febrero de este año por Equipo Bourbaki

En la línea de una tradición que se iniciara con un trabajo sobre las tomas de tierras en Chile, indagación acerca de las movilizaciones de obreros rurales y campesinos en el período precedente al gobierno de la Unidad Popular y de Salvador Allende y durante los primeros tiempos de su gestión, este trabajo de reflexión ofrece una versión del proceso social y político que se desenvuelve en México. Si la mirada (o la construcción del "observable") se concentra en las bajas humanas registradas en el diario La Jornada en una muestra aleatoria tomada de la publicación cada diez días en el período considerado, el análisis arroja conclusiones nada convencionales. En 2008, indican los autores, ya se vivía una guerra

En efecto, el trabajo muestra que para el año 2008-2009 el costo humano de las confrontaciones en el territorio mexicano proviene de un proceso de conformación de una nueva mercancía, y tiene como víctimas principales a los “desconocidos” y a la “sociedad civil”. Es decir, se indica, por un lado aquellos que parecieran ser los brazos ejecutores de los que tienen la direccionalidad de este proceso (el crimen organizado, las autoridades gubernamentales y las Fuerzas Armadas) y, por el otro, quienes se oponen a la conformación de este proceso y a su criminalización. Aunque la criminalización, en su gran mayoría, no está directamente enfrentada en la así llamada “guerra contra el narcotráfico” en México.

De este modo el estudio propone entender por qué Carlos Montemayor, en 2009, ya alertaba que en México las condiciones para una “guerra civil” estaban dadas. En realidad, según los registros del estudio, en 2008 esta guerra por la construcción del monopolio del narcotráfico ya se encontraba en franco desarrollo.

El colectivo Bourbaki concluye: "Lo que sucede en la territorialidad mexicana forma parte de un proceso global que trasciende su territorialidad. Constituye un momento de una amplia y larga construcción que simultáneamente articula, conflictivamente, a nivel mundial muchos otros territorios nacionales . Es expresión, sin duda, de una lucha intercapitalista de carácter internacional… y lo será durante una muy larga duración".

Eric Hobsbawn ha recibido con interés y aplauso esta publicación. "Este análisis, comenta, de las interrelaciones casi simbioticas entre los mecanismos de coerción estatales y criminales me parece sumamente relevante a la situación de nuestro siglo fuera del Mexico también".

El texto que sigue es la Presentación del estudio. Usted puede descargar el texto completo del trabajo (versión pdf) haciendo clic aquí

 

PRESENTACION

En mayo de 2009 leímos que Carlos Montemayor, del cual sentimos tanto su ausencia, caracterizaba la actual situación mexicana como un “preámbulo de guerra civil” y nos advertía que a lo largo de la historia, “todo gobierno mexicano ha considerado a la guerra civil como delincuencia.”[1] En aquel entonces, no teníamos todavía la sensación de que nos amenazara una situación de guerra. Nos preguntábamos: ¿cómo comenzar a comprender en lo inmediato la complejidad de esta  situación que nos instalaba Carlos Montemayor? ¿Dónde estábamos dentro de ese proceso que nos preanunciaba?

Se nos ocurrió, como manera de aproximarnos a una imagen que nos describiera, con cierta claridad, lo dominante del proceso que vivíamos, hacer una relectura de aquello que nos informa día a día del desencadenamiento y desarrollo de dicho proceso.

La decisión tenía su complejidad: releer día a día aquellas noticias que de alguna manera expresaban parte de lo que ocurría se convirtió, en la práctica, en una tarea difícil de ordenar. No había duda que no contábamos con más información que la prensa escrita, recordando a D. G. Welles, que la consideraba “el pan nuestro de cada día”. Leer, recordar, asimilar y procesar individual o colectivamente esta información, se nos convirtió en una tarea imposible para hacer una descripción y síntesis de lo que estaba sucediendo en nuestro entorno.

Nos dimos cuenta que de esa enorme cantidad de información que día a día recibíamos era más la que nos aterrorizaba que la que nos informaba para ayudarnos a enfrentar nuestros miedos; para organizarnos y para que se convirtiera en fuente de conocimiento de modo tal que, ante la situación mexicana, pudiéramos actuar de manera adecuada. En consecuencia, admitimos que si no teníamos otra base de información que la prensa escrita, al menos podíamos utilizarla de manera más rigurosa y al mismo tiempo impersonal, para registrarla y ordenarla de manera sistemática en modo de analizar qué estaba pasando en México.

Ante la decisión de empezar a registrar la información de la prensa, el primer dilema que se nos presentó fue: ¿con qué prensa? Partimos del supuesto que toda prensa no sólo es parte de la realidad sino que ella a su vez, la refleja de alguna manera. Nos pareció prudente tener presente esta doble determinación de la prensa: como parte de la realidad y como reflejo de la misma.

Recurrimos entonces a nuestra experiencia ya que no era nueva esta situación: en el pasado conocimos a quiénes, de manera sistemática y ordenada, habían emprendido una tarea relativamente semejante. En 1994 quedamos sorprendidos porque una imagen que teníamos de México comenzó a entrar en crisis, como consecuencia de la lectura y del estudio que hicimos del texto acerca de “El costo humano de la guerra en México[2].También ellos, como nosotros ahora, habían atravesado undilema semejante: lectores de la prensa escrita, estaban limitados en su análisis y procesamiento y en consecuencia, debieron recurrir a las modernas tecnologías del análisis de la comunicación.

Encontramos una persistencia y continuidad de esas investigaciones con algo que nos sorprendió saludablemente: “La cuesta de la guerra en México[3].La lectura y estudio de ese trabajo nos motivó aun más en cuanto ayudó a prever y predecir parte de lo que posteriormente sucedió en México, con una antelación tal que no teníamos las condiciones de enfrentarla ni de analizarla. De hecho, los estudios concluían que México estaba permeado por dos procesos simultáneos en donde, por un lado, existía la tendencia hacia una lenta y acumulativa ampliación de la ciudadanía en los espacios políticos, producto de un proceso de reestructuración organizativa que se daba en todo el país; por otro lado, sobre todo en la región sur, tenía lugar un proceso cuya tendencia era hacia la exclusión y la eliminación unilateral y selectiva de una parte de la población como expresión de una “guerra de exterminio”.

Fueron precisamente estas experiencias del pasado y el análisis de los procesos que se sucedieron en México, lo que nos llevó, a partir de 2008, a enfrentar la tarea de instalar la lectura sistemática y el registro de lo que nos informaba la realidad escrita de la prensa.

Comenzamos nuestra tarea determinando, de manera consensuada, el conjunto de noticias reportado por la prensa que, de alguna manera u otra, nos informara de los hechos que nos preocupaban. Nos encontramos ante una complejidad tanto cualitativa como cuantitativa, que nos trascendía de lejos. Es más, estuvimos a punto de tomar la decisión de abandonar este emprendimiento.

Pero la realidad nos invadía cada vez más, no podíamos enfrentar la totalidad de la prensa escrita pero quizás podíamos restringir nuestro deseo y ambición a una alternativa humanamente posible a nuestra identidad colectiva: decidimos entonces comparar el conjunto de la prensa escrita que contenía la misma información con mayor claridad y ecuanimidad no valorativa y concluimos que La Jornada al menos informaba más que el resto, en lugar de imponer un análisis sesgado, y que esta información estaba más a la altura del México que desea mejores condiciones institucionales para el conjunto de la sociedad.

Nos dimos cuenta que esta decisión empezaba a crear condiciones reales de viabilidad de nuestra tarea en cuanto era más posible enfrentar la totalidad de una sola prensa escrita. Entonces procedimos a localizar en la prensa escogida, día a día, aquellas noticias que, de alguna u otra manera, nos informaban de los hechos que más nos preocupaban. Al poco tiempo nuevamente la envergadura cuantitativa del conjunto de las noticias que encontramos nos instaló ante un nuevo dilema: ese conjunto diario de noticias superaba nuestra capacidad de trabajo. Entonces, tomamos una decisión crucial: la de considerar solamente aquellas noticias que producían bajas humanas, de muy diversas identidades.

A su vez, las bajas humanas tenían una diversidad tal que nuevamente amenazaban la posibilidad de realizar nuestro trabajo. No habíamos pensado, en inicio, en la diversidad de identidades que esa imagen de las “bajas humanas” podía tomar en la realidad de lo que estaba sucediendo en México. Se nos hacía relativamente fácil asumir que una identidad de la baja humana era aquella que constituía un hecho irreversible como la muerte. También dentro de los procesos tradicionalmente constitutivos de la muerte estaban aquellos que de alguna manera herían la identidad corporal; por supuesto, también la de aquellos que sufrían la privación de los grados de libertad de la individualidad. He aquí que se nos presentó también la necesidad de incorporar en nuestro criterio de registro a los secuestrados, levantados y a los desaparecidos.

Decidimos ponderar la magnitud de gravedad que tenía cada una de estas identidades.

Por supuesto, la muerte era un hecho irreversible, debíamos tenerlo presente. El conjunto de los heridos y detenidos eran las identidades tradicionales cuando las confrontaciones políticas y sociales alcanzaban una magnitud cercana a la cumbre, como nos recordaban las imágenes que habíamos encontrado en el documento sobre La cuesta de la guerra[4].

En nuestra imagen de buscar claridad, se nos hizo presente un tipo de baja humana cuyo orden social de constitución y ejecución tiene como resultante la exclusión de la identidad de un trabajador activo: era sustantiva la cantidad de personas que perdía su trabajo en la diversa escala de la estructura ocupacional. Pero comprendimos que lo óptimo era enemigo de lo posible y entonces decidimos prescindir para nuestros registros de esto que llegamos a denominar las “bajas sociales”. Ahora recién habíamos creado las condiciones para realizar una tarea posible que consideramos útil para comprender qué está sucediendo en México.

Ya habíamos definido las condiciones para nuestro trabajo: realizamos entonces un pequeño ejercicio de aproximación que nos proporcionó una imagen no muy distorsionada de lo que pasaba en el país. A partir de ese momento decidimos registrar toda la información que las noticias nos dieran acerca de los hechos que constituían bajas humanas entendiendo por ellas el siguiente listado: muertos, detenidos, heridos y otros (secuestrados, levantados, torturados, desaparecidos y “renuncia laboral por amenaza”).

De esta manera, registramos, desde agosto de 2008 hasta agosto de 2009 un conjunto de 951 registros. Ellos representan la información que estaba contenida cada diez días en la prensa La Jornada. Esta determinación de realizar un registro, no a partir de la totalidad día a día de la prensa, sino de una muestra, no fue arbitraria. Asumía la acumulación de experiencias que habían realizado otros, como los que produjeron los dos textos antes mencionados, en donde la muestra de la prensa no distorsionaba la totalidad de la información día a día, con lo cual se nos hizo todavía más posible realizar nuestra tarea a partir de la fuerza que teníamos ya que centramos nuestro interés en conocerlos procesos que se van presentando y las tendencias que expresan dichos procesos en el tiempo.

El año que registramos (2008-2009) nos dio una riqueza de información que a su vez nos trascendía, por lo que decidimos organizarla con los siguientes criterios: cuántos y quiénes eran los sujetos que realizaban la acción; cuántos y quiénes eran los que recibían la resultante de esa acción; la magnitud y el tipo de las bajas que esas acciones producían; el momento y lugar en dónde se producían.

En el período 1994-2000, los autores de los dos textos antes mencionados, habían logrado construir una base de datos en la cual habían volcado la totalidad de los atributos de esos registros, que en síntesis ocupaban diferentes y autónomos campos[5].

Ver en pantalla y en las hojas impresas lo que se constituía como un bosque tremendamente difícil de comprender nos permitió, por un lado, saber cuáles eran las concentraciones más sustantivas -en cada uno de esos campos- pero también la diversidad existente en cada uno de ellos. Al releerlos, nos dimos cuenta que las diversidades que contenía cada uno de esos campos podían ser reagrupadas en función de sus semejanzas y diferencias. Notamos, en consecuencia, en la medida en que realizábamos estas tareas, que los campos no abarcaban una diversidad totalmente ajena entre sí sino que con complejas denominaciones conceptuales, a veces, hablaban e identificaban a los mismos.

Emprendimos entonces la tarea de agrupar las semejanzas y distinguir y agrupar las diferencias. A esa altura del trabajo, el bosque impenetrable empezaba a tener identidades distinguibles y comenzaba a asumir un orden que nos era más familiar en cada uno de estos campos. Iniciamos así la creación de nuestra propia base de datos[6].

Pero seguíamos desconociendo la relación real y objetiva que podía haber entre las identidades que se expresaban en esos diferentes campos. Nuevamente recurrimos a las experiencias de otros, y encontramos la posibilidad de que esos registros que habían sido instalados en una base de datos podrían hacer y recibir operaciones que indagaran acerca de la correspondencia que había entre las categorías e identidades que constituían cada uno de esos campos[7].Difícil hasta entonces para nosotros de imaginar pero descubrimos que podíamos reconocer esas correspondencias en nuestra base de datos[8].

Para ello utilizamos dos instrumentos: la tarea inicial consistió en utilizar el software Excel que nos permitió instalar toda nuestra información en una base de datos, de dos dimensiones: en una de ellas, estaba contenido cada uno de los campos que contenía la información y en la otra, la secuencia de una unidad de registros. Pero operar con este software buscando correspondencias entre los distintos atributos de esos campos era una tarea mejor realizada por otro software, el SPSS. Emprendimos además esta tarea.

Lo que ustedes van a leer a continuación es el resultado inicial de esta empresa, de una enorme posibilidad y riqueza y que ya en sus primeros momentos empieza a describir mucho de lo que no alcanzamos a ver en nuestra vida doméstica y cotidiana.

Confirmamos que Carlos Montemayor se acercaba a la verdad, pero que ésta lo había rebasado: para 2008 ya vivíamos una guerra. La magnitud de muertos que descubrimos en este proceso era muy significativa: “En lo que va de esta administración federal, 30 mil 196 personas han sido ejecutadas o perdieron la vida durante enfrentamientos entre autoridades y sicarios del crimen organizado, informó la Procuraduría General de la República (PGR).“[9] Y de éstos, “más de mil niños fueron asesinados en los últimos tres años en el marco de la violencia entre las bandas del narcotráfico y las fuerzas de seguridad en México, denunció ayer la Organización No Gubernamental Red por los Derechos de la Infancia.”[10]

Ya Elías Canetti nos advertía al respecto:

“UNA GUERRA ES UNA GUERRA PORQUE INCLUYE MUERTOS EN EL RESULTADO”[11]

Antes de compartir nuestro trabajo, queremos advertir acerca de dos aspectos que, en el momento de dar a conocer este estudio, están sucediendo en el primer mes de 2011 en México. En primer lugar, la existencia de una polémica en torno a las estadísticas reales de las ejecuciones ya que “Los datos difundidos durante cuatro años por la Presidencia de la República, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), la Secretaría de Seguridad Pública (SPP) federal y la Procuraduría General de la República (PGR) se contradicen” y aún más si se comparan con los conteos periodísticos. A modo de ejemplificación, La Jornada aporta sus propios datos al respecto en comparación con los del gobierno federal[12]:

Cuadro n.1: Número de ejecuciones en el mandato de Felipe Calderón

cuadro uno

Una de las posibles explicaciones de estas contradicciones oficiales, según funcionarios del gabinete de seguridad nacional, es que “las altas cifras gubernamentales pudieran ser utilizadas en los próximos dos años para sostener, sin que sea verdad, que disminuyó la violencia y se paralizó a las organizaciones criminales”[13].

Al respecto nos parece importante el aporte que hace STRATFOR Global Intelligence,[14] que describe de manera bastante detallada, acerca de las rupturas y nuevas alianzas que se han estado dando entre los cárteles que se disputan hoy en día el contrabando de la droga en todo el territorio nacional. Dicho reporte hace referencia al alto índice de violencia que se vive hoy en el país y a las cifras de muertos, mismas que coinciden más con las reportadas por el periódico La Jornada que a las que actualmente está dando el gobierno federal. (Ver gráfica n.1)

Este mismo informe puntualiza que la estrategia seguida por el gobierno de Felipe Calderón, al descabezar a ciertos cárteles, ha logrado un incremento de la violencia, debido a que los distintos cárteles tratan de aprovecharse de la aparente debilidad de otros para extender su dominio hacia nuevos territorios[15].

El otro aspecto a considerar es el debate en torno al concepto de la “guerra” que se libra en México. Al respecto, el presidente Felipe Calderón niega haber conceptualizado la situación del país como “guerra” sino como “lucha por la seguridad pública”[16]: ¿a qué obedecerá esta negativa del presidente a aceptar que lo que se ha desatado es una guerra?

grafica 1



[1]Elio Henríquez “Los comicios serán un espejismo hasta que las fuerzas ciudadanas se renueven: Montemayor”, La Jornada, 26 de mayo de 2009, p. 14.

[2]Espacio de reflexión y acción conjunta. Militarización, represión e impunidad. “Pensar en voz alta”. “El costo humano de la guerra” en El proceso de guerra en México: 1994-1999: militarización y costo humano. Cuadernos de reflexión y Acción no violenta, n. 3, verano de 1999, México, pp. 62-83.

[3]Espacio de reflexión y acción conjunta. Militarización, represión e impunidad. “Pensar en voz alta”. “La cuesta de la guerra en México” en El proceso de guerra en México: 1994-1999: militarización y costo humano. Cuadernos de reflexión y Acción no violenta, n. 3, verano de 1999, México, pp. 85-120.

[4]En “La cuesta de la guerra” encontramos que en 1998-1999 la mayor cantidad de bajas humanas estaban constituidas por “hostigamiento y amenaza” (22%); “detenidos” (20%); “heridos” (18%); “muertos” (17%) y “otros” –retención, secuestro, desalojo, desplazados, torturados, violaciones, deportaciones, desapariciones (19%).

[5]Eran 87 campos, de los cuales los más importantes eran: número de noticia, número de registro, ubicación de la noticia en la prensa, ubicación de la noticia en el espacio, actores, instrumentos, características de la acción, bajas materiales, bajas humanas, direccionalidad de las fuerzas intervinientes.

[6]En los 37 campos de nuestra base, por ejemplo, para caracterizar “el espacio” consideramos 4 variables en vez de 8; para “Actores” en vez de 14 variables, dividimos dos campos: “sujeto” con 2 variables y “objeto” con otras tantas.

[7]Este es el método que hemos seguido para explicarnos el proceso de producción de bajas humanas en México, que a diferencia de otros estudios, toma en cuenta las correlaciones existentes entre los atributos de las acciones, lo que nos permite hacer observable el proceso. Al no seguir esta metodología, los otros estudios sólo atribuyen significados a partir de las hipótesis circulantes, lo que impide entender el “cómo” de esta producción de bajas humanas.

[8]Esta es la forma en que construimos conocimiento avanzando desde la periferia de las acciones estudiadas hasta el desentrañamiento de sus interrelaciones y el acceso “nunca acabado” a la centralidad de esas acciones. Jean Piaget, La toma de conciencia.

[9]Gustavo Castillo García. “PGR: en este sexenio, 30 mil 196 decesos vinculados con la delincuencia organizada” en La Jornada, 17 de diciembre de 2010, p. 15; Gustavo Castillo y Alonso Urrutia.”Fueron ejecuciones 89% de los 15 mil 273 homicidios de 2010” en La Jornada, 13 de enero de 2011,p.5; G. Castillo. ”Al Ejecutivo no le cuadran las cifras sobre homicidios dolosos” en La Jornada, 14 de enero de 2011, p.5.

[10]“Es el saldo de tres año de guerra narco en México: mil niños asesinados” en www.pagina 12.com.ar, Argentina, 31 de diciembre de 2010.

[11]Elías Canetti. Masa y poder, p. 185

[12]G. Castillo García, “Al Ejecutivo no le cuadran las cifras sobre homicidios dolosos” en La Jornada, 14 de enerp de 2011, p. 5.

[13]Ibidem.

[14]STRATFOR Global Intelligence, Mexican Drug Wars: Bloodiest Tear to Date, p. 15.

[15]Ibidem, pp 19-20.

[16]A. Urrutia y G. Castillo. “Niega el jefe del Ejecutivo haber utilizado el concepto “guerra” en La Jornada, 13 de enero de 2011, p. 7. En la reunión “Diálogos por la Seguridad”, celebrada en Campo Marte, a cargo de organizaciones civiles como la de “México Unido contra la Democracia”, conformada por empresarios y ciudadanos cuyas familias han sido víctimas de la delincuencia organizada, Calderón hizo dicha declaración, en respuesta al discurso de M. Treviño Hoyos: “Señor Presidente, si ya eligió usted el concepto de guerra para definir lo que estamos viviendo…el poder del Estado no puede radicar en el acopio de armas y recursos bélicos; nunca como hoy, el poder del Estado tiene que radicar en la evidente superioridad moral de sus medios y fines…”. La Jornada enlista las fechas y situaciones en que F. Calderón sí ha usado el concepto de “guerra”: 5 de diciembre de 2006, con empresarios españoles: en donde afirmó que trabajaría “para ganar la guerra a la delincuencia”; el 20 diciembre de 2007: con integrantes de la Secretaría de la Marina: “la sociedad reconoce de manera especial el importante papel de nuestros marinos en la guerra que mi gobierno encabeza contra la inseguridad”; el 12 de septiembre de 2008, en la ceremonia de clausura y apertura de cursos del Sistema Educativo Militar: “En esta guerra contra la delincuencia…no habrá tregua…”