Urgencia atómica en Japón, urgencia de todos

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La medida real de la devastación y de la pérdida de vidas y bienes, será progresivamente conocida. Es de esperar que la contaminación radiactiva proveniente de los varios reactores fuera de control no alcance una dimensión catastrófica. Algunos comentaristas hablan de una severa crisis económica a corto plazo, a causa por ejemplo de un inesperado déficit de energía. Otros señalan que la admirable paciencia y disciplina de la población japonesa puede haber llegado a un límite, tras un período ya largo de estancamiento económico y de inercia política –en cuyo contexto los gobiernos o el cambio de gobierno importan poco, y la corrupción es una característica común.

Se agrega que una sociedad moderna, enraizada en el animismo de antaño, capaz de hazañas de recuperación en varios momentos de su historia, enfrentará sin duda una nueva etapa después del mayor terremoto y del mayor tsunami del último siglo. Corresponde reconocer que lo han hecho antes, en 1923, momento de un terremoto que destruyó Tokyo. Lo han hecho mexicanos, chilenos, marroquíes, pakistaníes y tantos otros pueblos en su oportunidad: la humanidad está aquí, disponible para sobrevivir: ¿sobrevivir como un fin en sí mismo?.

Esa pregunta puede dejarse pendiente por el momento. Hay otra que parece sin embargo elemental:¿Sobrevivir en qué condiciones?.

Más y más incorporamos tecnología a la vida de todos los días, más y más dependemos de una disponibilidad creciente de energía, más y más aumentamos la fragilidad de nuestras sociedades.

De la energía nuclear para generar electricidad se ha discutido y se discutirá. Comparativamente conveniente desde el punto de vista de su contribución al calentamiento de la atmósfera y el cambio climático, la dimensión de sus daños en caso de accidente y los perjuicios perdurables de los residuos generados cuestionan la racionalidad de su empleo y de su crecimiento. De tanto en tanto los riesgos que entraña son recogidos por los medios que forman y manipulan la llamada opinión pública. Quienes sistemáticamente la denuncian recogen de manera permanente un porcentaje menor de las preferencias políticas, hecho que reflejaría una pasividad exasperante de buena parte de la humanidad y la dificultad que implica para ella aceptar la responsabilidad sobre la vida de las generaciones futuras.

De las consecuencias de la especulación inmobiliaria sobre los asentamientos de la población se habla menos, aunque haya estado manifiestamente en el primer plano en 2008 en los Estado Unidos. En el caso de las costas japonesas afectadas por el sismo y el tsunami de marzo 2011, correspondería por ejemplo preguntarse por qué invertir tanto esfuerzo en la preparación de la población ante una catástrofe y, en cambio, por qué aceptar su asentamiento en una zona costera en la cual la posibilidad de un tsunami es mayor. Es idiota no responder, como es idiota responder que el asentamiento humano en determinado territorio es un resultado de la acumulación cultural, de la costumbre o de preferencias innatas más que una decisión de carácter social. Alguien ha dicho en estos días, ejemplo de esa idiotez, que ese poblamiento de territorios en riesgo es una consecuencia inevitable del fracaso de las empresas coloniales de Japón en el pasado. Como si en su momento el imperialismo pudiera haberse justificado por razones demográficas.

¿En qué condiciones, entonces, la sobrevivencia?

Algunos han escrito en estos últimos días que la desgracia provocada por la naturaleza en Japón muestra que allí y en casi todo el planeta vivimos una situación de fragilidad marcada por el consumo de energía, la contaminación y la especulación financiera. Una situación que es cada vez más insostenible, a bien leer los reiterados síntomas; una situación que es cada vez más negada u obliterada, a bien leer y escuchar a políticos y grandes medios de prensa. Jugar a las consecuencias de la inestabilidad genera en esta época más ganancias que numerosas actividades productivas. Hay entonces una relación entre ganancia de especuladores e insostenibilidad, entre financiarización e inestabilidad. Sobran los síntomas al respecto, alguien diría que son a esta altura cosas obvias, como obvia parece ser la dominación de los mecanismos de la financiarización global sobre los gobiernos. Obvias como la sombra, valdría la pena agregar: hemos terminado por acostumbrarnos -ayudados por la difusión de ideas falsas que ha acompañado esta globalización del siglo XXI, como la del carácter natural de las relaciones (y consecuencias) del capitalismo.

En las condiciones de la actual globalización, la sobrevivencia humana parece no sólo en riesgo: sería viable siendo humanamente inaceptable. Si, como se escribe, la naturaleza es amoral, en la relación entre naturaleza y humanidad la moral sería responsabilidad de la segunda. Inaceptables entonces los objetivos y los modos de la vida, definidos por mecanismos o sistemas sociales que han terminado por ser, autonomizados y fuera de control democrático, amorales.

Hace años ya, una catástrofe generada por la actividad humana que adquirió dimensiones de catástrofe natural se registró en la ciudad mexicana de Guadalajara. Un hombre había perdido su casa y casi toda su familia en la explosión de un gran acueducto subterráneo. Cinco días después del destructivo evento estaba aún en medio de las ruinas de su casa, a escasos veinte metros del sitio de la explosión. –Olía yo a gasolina desde hace varias semanas, indicaba a quien quisiera oírlo. Alguien se detuvo y le preguntó: -¿Y por qué no se fue?¿Por qué no se fue con su familia? –Nadie me lo dijo, respondió.

La pasividad, la obediencia, la aparente disciplina, el fatalismo que parecen destacar la conducta de la sociedad en cuestión ante el sismo, el tsunami y la crisis en curso de varias centrales nucleares en Japón revelarían también y quizá sobre todo, lo que el sociólogo argentino Juan Carlos Marín indicó como característico en el caso de Guadalajara: sociedades fragmentadas incapaces de enfrentar las consecuencias de la fragilidad; individuos desprotegidos porque han terminado por delegar hasta la decisión de sobrevivir.

Estaríamos así ante otro rasgo devastador de la sociedad en la época de la globalización y el hipercapitalismo: la desprotección y la imposibilidad de reaccionar cuando la sobrevivencia está en riesgo.

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Un artículo del sismólogo japonés Ishibashi Katsuhiko, Why worry? Japan´s nuclear plants at grave risk from quake damage, publicado en 2007, aquí.

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ACTUALIZACIÓN proporcionada por el Nuclear Information and Resource Service.

 

ACTUALIZACIÓN 08:15 de la mañana, Martes, 15 de marzo 2011.

La situación en Fukushima está pasando de mal a peor. Hubo un breve incendio en la piscina de combustible irradiado en la Unidad 4. Se dice que el fuego está extinguido por el momento.

Lo más preocupante, Tokyo Electric Power (Tepco) ha evacuado todo el personal excepto 50 personas del sitio del reactor. Este mínimo equipo (de heroicos trabajadores) no es probablemente suficiente para manejar las crisis simultáneas en cuatro reactores y cuatro piscinas de combustible. Esto bien puede ser una señal de que Tepco ha perdido la esperanza de que puede contener esta crisis y evitar un colapso completo.

Los niveles de radiación en el lugar han aumentado entre la noche y la mañana (hora de EE.UU.), pero han descendido un poco más recientemente. La lectura en uno de los puntos de la central era de cerca de 4 Rems / hora. Las lecturas en la puerta del sitio han caído desde un poco por encima de 1 Rem / hora a las 9:30 am (hora de Tokio) a cerca de 50 milirems / hora a las 3:30 pm (hora de Tokio).

Niveles detectables (aunque siguen siendo bastante bajos) de radiación han sido registrados en Tokio, cerca de 200 millas hacia el sur.

Una zona de exclusión de 30 kilómetros (18,6 millas) ha sido establecida alrededor del sitio. Nadie puede permanecer dentro de esta zona. Sin embargo, sólo los residentes dentro de los 20 kilómetros del lugar han sido evacuados hasta el momento; los residentes en la zona de entre 20 y 30 kilómetros han recibido indicación de refugiarse en el interior de sus habitaciones.

No hay indicación alguna de que la red eléctrica será disponible pronto. Sin energía para hacer funcionar los sistemas de seguridad y la evidente incapacidad clara para proporcionar energía de reserva adecuada, no es por desgracia probable que esta crisis pueda ser contenida.

Seguir la información y las alertas de NIRS aquí.

Una buena explicación interactiva de The New York Times aquí.

Imágenes ofrecidas por ABC News aquí.