Famatina y cada uno de nosotros
La pequeña minería y la cadena de valor que industrialice el metal son el camino para hacer compatible el crecimiento con la calidad ambiental.
La Voz del Interior, Córdoba, 31/01/2012 00:01 | Enrique M. Martínez*
No es la primera vez que se produce una controversia fuerte ante el anuncio de la próxima explotación de una mina productora de oro. Ya pasó en Trelew, hace algunos años, y allí los pobladores bloquearon la instalación del emprendimiento. Pasa en San Juan, en Chubut, en Santa Cruz, en Catamarca.
No es paranoia contagiosa, no es moda: es una reacción popular que, ante una promesa de bonanza económica con deterioro de su ambiente, opta por su humilde presente, pero con cielo limpio y agua bebible.
El oro es un metal casi inerte en condiciones ambientales normales y por ello ha sido usado desde siempre para objetos que trascienden la vida humana y para refugio de valor.
Por miles de años, las arenas auríferas se separaron por gravedad, ya que son más pesadas que los áridos comunes.
Primero se purificaron por fusión y posterior solidificación. Luego, cuando se conoció el mercurio, se utilizaron amalgamas con este metal, que luego se deshacían con calor, recuperando los vapores de mercurio en una instalación especial fuera de la mina.
La minería en gran escala, finalmente, apela al cianuro de sodio, el cual forma un complejo con el oro que luego se revierte, reciclando el cianuro.